ACCESO A LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN COLOMBIA
‘Universidades’ cerradas por orden del Ministerio de Educación que reabren al poco tiempo en las mismas instalaciones y hasta con los mismos pupitres, simplemente con otro nombre. Edificios de dos o tres plantas, sin laboratorios y con salones estrechos, en los que brillan por su ausencia televisores, proyectores, computadores y otras ayudas tecnológicas básicas.
Supuestas becas por el 50 por ciento o más de la matrícula usadas como gancho para atraer estudiantes de bajos recursos que pierden la inversión a mitad de camino, cuando, de un momento a otro, les quitan el auxilio. Fundaciones que supuestamente no tienen ánimo de lucro y que son utilizadas por clanes familiares para dudosas jugadas financieras.
Carreras profesionales que se ofrecen en la mitad del tiempo. Programas académicos con centenares de estudiantes y sin licencia, y 1.822 programas con papeles, pero inactivos porque la licencia es en muchos casos solo un comodín para cuando sea rentable abrirlos.
Situaciones como esas son las que se están viendo en el multimillonario mercado de la educación superior en el país, que cada año mueve en matrículas al menos 7,5 billones de pesos y del que depende la formación académica y el futuro de al menos 2’100.000 jóvenes y sus familias.
Apenas tres de cada diez de los estudiantes que empiezan una carrera profesional logran terminarla. En las instituciones tecnológicas solo se gradúan dos de cada diez.
Las cifras son aún más dramáticas si se tiene en cuenta que la educación superior en el país apenas cubre al 46 por ciento de la población entre los 17 y los 21 años, mientras que en países como Chile, Argentina y Uruguay ese indicador está por encima del 70 por ciento.
La falta de acceso, especialmente por los altos costos, sigue siendo una talanquera para la formación de centenares de miles de colombianos. Según datos del Ministerio de Educación, seis de cada diez primíparos provienen de hogares donde los ingresos mensuales están por debajo de los dos salarios mínimos (menos de 1,3 millones de pesos al mes).
De allí, precisamente, la importancia de que los que logren matricularse en alguna de las llamadas instituciones de educación superior (IES) no pierdan su esfuerzo, su tiempo y su plata.
Carlos Mario Lopera, experto en educación y gestor del Observatorio de la Universidad Colombiana, resalta que “miles de colombianos que no tienen recursos para pagarse una formación más costosa optan por IES que, aunque en muchos casos no son lo ideal, funcionan con licencia y ofrecen programas con registros otorgados por el propio Ministerio”.
